5/9/18

Neues Museum. Berlín

El Sombrero de oro. Neues Museum. Berlín.

  Recientemente he visitado la capital alemana donde, entre otras cosas, he podido disfrutar visitando alguno de sus museos. El patrimonio que encierran resulta espectacular, imposible resumir en unas líneas todos los tesoros que pude admirar. En la Isla de los Museos, Museumsinsel, estuve en el Pergamonmuseum y en el Neues Museum. Ambos son impresionantes, aunque para esta breve reseña me referiré al segundo de ellos. Recorriendo su colección uno se encuentra continuamente con auténticas joyas. Su colección de arte egipcio es extraordinaria, y no sólo por el famoso busto de Nefertiti (realmente la pieza emociona), y es que éste se haya acompañado de muchas otras obras maestras. 
  Metidos directamente en nuestro pasado orfebre son impresionantes piezas como el Sombrero de Oro o la Corona de Kertsch.

Corona de Kertsch

  El primero pertenece a la sección del museo dedicada a la prehistoria, concretamente a las salas dedicadas a la Edad de Bronce, y se desconoce su lugar exacto de origen. El sombrero está realizado en oro, hace unos tres mil años, con una maestría técnica admirable (no tiene soldaduras, el trabajo está realizado de una pieza sobre una única plancha de entre 0'25 y 0'06 milímetros de grosor). Sobre su superficie, parece bastante claro para los investigadores, el repujado del metal no forma simples adornos aleatorios, sino que representan un calendario lunar y solar. El propietario del sombrero sería, desde luego, una persona con poder dentro de la comunidad debido a los conocimientos adquiridos de astronomía, que le permitirían augurar los ritmos de las cosechas o los eclipses.
  La corona de Kertsch procede de la actual Crimea y, aunque en la foto no se aprecia del todo, en mi opinión es una pieza muy delicada y de una gran belleza. Fue realizada entre finales del siglo IV y la primera mitad del siglo V d.c. y forma parte de una colección sobre tesoros de la antigua Europa.


  Y admirando estas verdaderas joyas y la técnica desarrollada por nuestros antepasados, al pasear entre las vitrinas dedicadas a la ya citada Edad del Bronce, me vino un pensamiento a la cabeza bastante absurdo pero que compartiré como despedida de esta entrada. 
  La cuestión es que pude observar unos moldes en piedra realizados para confeccionar hachas y puntas de lanza. No se me ocurrió en ese momento fotografiar esos objetos, así que la foto que acompaña estas líneas es parte de la colección del Museo Nacional de Arqueología (Madrid). Lo hago para poder explicar mejor lo que se me pasó por la mente. En mi trabajo en el taller, en mi actividad como joyero, yo no utilizo moldes (a no ser que la lingotera se considerase un molde). Tras fundir el metal, en mi caso normalmente plata, lo estiro y a partir de ahí voy dándole forma con los alicates, la segueta, los limatones... Así creo piezas realmente únicas, una por una, que en mi caso nunca repito. No uso moldes. Y en la Edad del Bronce sí lo hacían. Me divierte elucubrar, entonces, que en mi búsqueda de un lenguaje contemporáneo en vez de avanzar, técnicamente retrocedo. Eso sí que es buscar la esencia.




  

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