5/9/18

Giacometti



Giacometti dans son atelier. Robert Doisneau.

  
  Poco a poco voy recopilando libros que retratan talleres de artistas. Una colección que se inició hace unos años, cuando mi amiga Isabel Mayordomo (ceramista de oficio) me mostró un ejemplar de "Los talleres de Picasso". Conseguí tiempo después una edición de ese mismo libro, al que seguirían otros: Joan Miró, Francis Bacon, Miquel Barceló... Siempre me ha interesado conocer los estudios donde los artistas engendran sus obras. Esos espacios cuentan mucho sobre ellos mismos y me resultan igual de inspiradores que sus propios trabajos. La fotografía de Alberto Giacometti que se puede ver arriba me acompaña desde hace muchos años, en forma de postal, sobre mi mesa de trabajo. Artista y obra se funden para no saber dónde acaba uno y empieza otra. He tenido la fortuna de ver obra de Giacometti en bastantes ocasiones, seguramente la más reseñable de ellas en la Fundación Mapfre, en Madrid (Giacometti. Terrenos de juego. 2013). Allí pudo verse una muestra muy amplia de su creación, esa misma que estremece y que parece interrogarle continuamente a uno sobre sí mismo.





















  
  Hace diez años el Centro Pompidou de París organizó la exposición L'atelier d'Alberto Giacometti, en la que según el propio museo "todas las facetas de la creación del artista son presentadas en referencia a su espacio de creación, su taller." El catálogo de aquella muestra forma parte de mi pequeña colección, junto a otros volúmenes sobre este artista genial. Otro de ellos, muy especial, es el libro de igual título al anterior, pero que tiene a Jean Genet como autor. 



  También, a finales del pasado año, cayó en mis manos otra obra en torno a Giacometti. Se trató de un librito publicado en España por la editorial Acantilado: "La última modelo", de Franck Maubert. El ensayista y novelista francés traza en este libro un retrato de Caroline, modelo y amante del artista suizo, por medio del cual conoceremos muchos detalles del propio proceso de creación, de sus bloqueos y de la sinceridad despojada de sus pinturas y esculturas. Maubert tuvo un encuentro con esta mujer, ya casi anciana, y juntos rememoraron historias de arte y vida.






















   El pasado invierno se estrenó en los cines españoles la película "El arte de la amistad" (Final Portrait,Reino Unido, 2017) dirigida por Stanley Tucci sobre un guión propio que parte de "A Giacometti Portrait", el libro de memorias escrito por James Lord. En él, el autor estadounidense narraba cómo tras diez años de amistad Alberto Giacometti le pidió que posara para él, en el que sería su último retrato. Lo que iba a ocupar una única tarde, se prolongó finalmente hasta dieciocho arduas sesiones. Un magnífico Geoffrey Rush encarna al pintor, dando verismo a la lucha continua que suponía para él la creación artística. La película es realmente interesante, brillantemente dirigida e interpretada, y con una ambientación soberbia. 






















  Y ya para finalizar este paseo por mis recuerdos en torno al genial artista vuelvo de nuevo a Madrid. Junto a sus amigos Balthus y André Derain, Giacometti regresó la pasada primavera a la sede que la Fundación Mapfre tiene en el Paseo de Recoletos. La exposición, titulada "Una amistad entre artistas", mostraba cómo esta amistad les retroalimentaba en sus procesos creativos, cómo influía en la obra de cada uno, tanto técnica como temáticamente. 




















  
Desde el taller de un artista, un espacio con límites físicos tangibles, parece que el universo puede expandirse más allá de lo demostrable. Artistas como Giacometti agrandan esas percepciones, yendo desde lo más íntimo del ser humano hacia una proyección del ser ampliada y plena de significado. 

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